Quejigo (Quercus faginea)

Etnobotánica.

El roble mediterráneo o quejigo lo llamamos en Villanueva “rebollo” y ha sido por excelencia fuente de madera de calidad para las estufas. Aunque crece disperso en todos nuestros montes hay una zona de rebollar en la partida de la redonda con un bosque de quejigos. Son robles de talla mediana que pueden alcanzar 20 m, con la corteza pardo-grisácea, muy rugosa, con grietas superficiales.

El decocto de su corteza (Quercus robur) posee acción astringente y antiinflamatoria sobre la piel. Cabe destacar que sus extractos, además de ser astringentes, han demostrado actividad antibacteriana, antiviral y antioxidante. Se está estudiando el potencial anticancerígeno de las agallas de diferentes especies de roble.

Parte usada y función principal:

  • Corteza: astringente, utilizada sobre todo en medicina popular
  • Bellotas: antidiarreicas, pero uso limitado debido a contenido de taninos más amargo que en la encina

Fitocompuestos responsables:

  • Taninos abundantes: efecto astringente, antidiarreico, antiinflamatorio
  • Ácidos fenólicos y flavonoides: propiedades antioxidantes leves
  • Compuestos amargos en bellotas: restringen su uso alimentario

Usos destacados:

  • Gastrointestinal → [Corteza (1)]: en diarreas leves o infecciosas
  • Boca / Garganta, Dolor / Inflamación, Piel / Heridas → [Corteza (2)]: lavados y gargarismos en procesos inflamatorios

Forma de uso tradicional:

  • Decocción de corteza: 5–10 g por litro, hervida 15 min; para uso interno o externo
  • Bellotas: poco utilizadas, a veces como recurso local tras remojo para eliminar taninos